¿Cuánto dura Tomates?
Los tomates frescos están en su punto óptimo durante 3 a 5 días a temperatura ambiente y aguantan alrededor de una semana en el frigorífico. Guardarlos a temperatura ambiente preserva el sabor y el aroma; la refrigeración apaga ambos porque el frío degrada los compuestos volátiles que les dan su sabor. Refrigera solo los tomates totalmente maduros que no vayas a comer en unos días y devuélvelos a temperatura ambiente antes de servirlos para despertar el sabor. Los tomates cortados o en rodajas duran de 1 a 2 días en el frigorífico en un recipiente cerrado.
Cómo conservar Tomates
Guarda los tomates enteros con el tallo hacia abajo sobre la encimera, fuera de la luz directa del sol y con espacio entre ellos para que circule el aire. No los refrigeres salvo que empiecen a pasarse: el frío apaga el sabor de forma permanente. Mantén los tomates verdes a temperatura ambiente hasta que se pongan totalmente rojos. Una vez cortados, refrigéralos en un recipiente cerrado y úsalos en 1 a 2 días. Para aprovechar un exceso: escáldalos y pélalos, y luego congélalos enteros o en salsa. Los tomates secos o en aceite siguen reglas distintas.
- Encimera, con el tallo hacia abajo y fuera del sol directo
- Refrigera solo los pasados; vuélvelos a temperatura ambiente antes de servir
- Deja espacio entre las piezas para que circule el aire
- Tomates cortados: nevera en recipiente cerrado, 1 a 2 días
- Congélalos para salsas: escaldados y pelados
Señales de que se ha estropeado
- Piel blanda, que rezuma o arrugada
- Moho visible (blanco, verde o negro)
- Olor fermentado o agrio
- Zona del tallo viscosa
Preguntas frecuentes
¿Cuánto duran los tomates?
Los tomates enteros duran de 3 a 5 días a temperatura ambiente y hasta una semana en el frigorífico, aunque la refrigeración apaga el sabor.
¿Hay que refrigerar los tomates?
No, salvo que se estén pasando. La temperatura ambiente conserva el sabor; el frío degrada los compuestos del aroma. Refrigera solo los tomates cortados.
¿Se pueden congelar los tomates?
Sí: escáldalos y pélalos primero, y luego congélalos enteros o triturados para sopas y salsas. La textura cambia, así que no quedan bien crudos tras descongelar.